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Festival
de Cine Independiente
de Buenos Aires
Soy Cuba,
el
mamut siberiano
Este
documental habla sobre un film, casi desconocido hasta hace unos
años, llamado Soy Cuba. Soy Cuba es una película dirigida
por el ruso Mikheil Kalatazov un poco tiempo después de la
revolución cubana. Pero antes de hablar de este documental,
que es excelente, vamos a centrarnos en el film original y en la
historia de su redescubrimiento.
Todo comenzó cuando Martin Scorsese y Francis Ford Coppola
pudieron ver una copia del film que se encontraba en Rusia. Ambos
realizadores se quedaron obnubilados con las imágenes de
la película y decidieron rescatarla del olvido. Empezó,
entonces, a circular una versión remasterizada de Soy Cuba.
Ahora, ¿por qué les interesó a estos cineastas
una película de los años sesenta que hablaba sobre
la necesidad de la revolución? Y lo más interesante
¿qué sucedió con el film que tenía la
intención de ser una megaproducción, y sólo
estuvo en cartel una semana? El documental del brasilero Vicente
Ferraz, intenta responder a todas estas preguntas.
El documental combina testimonios de varios de los que han participado
en el film con fragmentos de la película. Soy Cuba, presenta
un virtuosismo técnico totalmente innovador: planos secuencias
de varios minutos de duración con una cámara aérea-
algo que ni Brian de Palma (el rey de este recurso cinematográfico)
pudo haber siquiera imaginado. Por otra parte, la fotografía
del film, a cargo de Sergei Urusevsky, es de una intensidad y de
una expresividad increíble. Más allá de todas
las cuestiones formales, la película también marcó
un hito en la historia del cine por el costo de realización
y por los dos años que duró su rodaje.
Pero la película fue un verdadero desastre de taquilla. Hasta
tal punto que cuando se le pregunta a uno de los protagonistas sobre
el film, dice que no recordaba haber trabajado allí. Este
documental también intenta indagar las causas de este fracaso
señalando que para los cubanos (que estaban más cerca
del Cinema Novo brasilero que del cine soviético) la película
les pareció demasiado grandilocuente, pomposa, melodramática.
Que se había gastado demasiado tiempo y dinero. Les parecía
una película mala en donde el contenido estaba al
servicio de bellas imágenes.
Uno de los mayores logros del documental es haber podido homologar
la historia de este film épico con la historia de la cuba
socialista. Mostrando, de una manera dialéctica y sin golpes
bajos, la esperanza y el fervor del pueblo cubano a comienzo de
la década del 60 y la resignación y la nostalgia del
pueblo actual.
A pesar de que la película ha logrado un alto reconocimiento
en el circuito cinematográfico, las últimas palabras
de Alfredo Guevara (director del Instituto de Cine Cubano) nos dejan
con un sabor amargo pero cierto. No es casual que en este momento
donde el socialismo es casi una pieza de arqueología se rescate
este film que habla sobre la necesidad de la revolución.
Hoy se puede disfrutar de las imágenes imponentes sin la
peligrosidad de su contenido.
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